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Una gran amiga me dijo que había nacido siendo artista. Y siento que de alguna forma todas y todos lo somos. Co-creadores de nuestras vidas, descubriendo la trama de quiénes somos. Artistas en cada rincón, en dónde sea que la vida transcurra y sea a lo que sea que nos dediquemos. Pudiendo inspirar y compartirnos, así como somos inspirados por otros seres desde ese lugar esencial, auténtico, humano. Ya que no solo en el encuentro con uno mismo sucede la alquimia, sino también en el encuentro con el otroY en este co-crear, mi cuerpo hogar es todo lo que tengo desde mi nacimiento hasta el último día que respire... entonces, cómo voy a habitarlo?

Desde muy chica tuve pasión, curiosidad por el cuerpo y su infinita capacidad de moverse. Siempre fuí bastante intelectual, y la única forma que encontraba para poder canalizar tanta energía mental sin que me asfixiara, era a través de la actividad física. Había algo mágico en estar moviendo y conectando con mi cuerpo físico que en ese entonces no comprendía tan concientemente. Pero que luego entendí... no tenemos un cuerpo, sino que SOMOS CUERPO

Mi recorrido dentro del mundo de la danzacomenzó a los ocho años estudiando danza jazz y ballet. A medida que fui creciendo y más entrada en la adolescencia, me interesé más por el lenguaje de la danza contemporánea y la acrobacia, disciplinas que iba alternando con tennis y natación. Y a los 16 años preguntas existenciales como por ejemplo, 'qué es este Universo'?, 'para qué estamos acá'?, 'qué sentido tiene todo ésto'? estaban asomándose fuerte. Y por una de esas sincronicidades llegó a mí un libro de Swami Prabhupada y me lo devoré en un verano. Ese mismo año se desencadenó en mí un tema de salud que en el trasfondo, hablaba de una profunda angustia y búsqueda de sentidoAllí empezó mi viaje dentro del mundo de la psicoterapia. Ayudaba si... pero sin mi danza había algo que no estaba completo. Terminé el colegio y estudié Bellas Artes por dos años, pero mis ansias por conocerme y seguir indagando acerca de esta misteriosa mente y las emociones, me llevaron a estudiar cuatro años de Psicología en la facultad. Wow, increíble todo lo que se podía investigar y aprender intelectualmente, pero cada año que pasaba, me preguntaba y les preguntaba a mis profesoras/es, "Y al cuerpo, cuando se lo va a incluir en un tratamiento terapéutico"?

 

 

 

 

Paralelamente, me iniciaba en el camino del Yoga. Y alrededor de los 20 años empecé a practicar Hatha. Ahí empecé a atisbar la punta del iceberg de a lo que se referían los maestros con 'estar en el momento presente'. Después de mi primera práctica experimenté mi cuerpo y el entorno como nunca antes lo había hecho. Me sentía más espaciosa por dentro, y que en vez de caminar, flotaba, respiraba mejor, mi corazón más liviano, mi mente enfocada y calma, la piel súper sensibilizada, y los sentidos totalmente expandidos. Me había dado la oportunidad de escucharme, me había dado tiempo. Y ni hablar cuando empecé a meditar... ese regalo de observar el flujo mental, los propios patrones, sin ser absorbida por ellos ni por mis emociones. O si, pero con la posibilidad de observar compasivamente sin reaccionar.

A los poco meses conocí la práctica de Ashtanga y me enamoré... una interesante combinación entre esfuerzo físico, meditación en movimiento, conexión íntima con la respiración y autoobservación. Tanto resoné que terminé haciendo el instructorado en Ashtanga Vinyasa. Practiqué sostenidamente siete años el método. Los primeros dos de forma guíada y los últimos cinco estilo Mysore. 

A los 24 años viajé a India por dos meses y fue tan revelador, que al volver hice mi primer instructorado de Hatha Yoga y empecé a dar clases al mes de graduarme, dedicándome tiempo completo a estudiar y compartir la práctica.

En ese año además de estar enseñando, monté una pequeña empresa de tejidos artesanales con mi madre que me requería gran parte de mi tiempo y atención. Y ahí la vida me puso en una encrucijada... Dejar de trabajar no era una opción, asique de alguna forma tuve que decidir, me dedicaba full time a bailar o terminaba mis estudios de Psicología? Decisión nada fácil para una luna en Géminis, mas la pasión tira fuerte, y decidí entrar en la Escuela de Danza Contemporánea Arte XXI. Estaba tocando el cielo con las manos! Tenía varias clases por día de variados estilos con distintos profesores y maestras. 

Mis días eran bastante eclécticos, y se desenvolvían entre enseñar varias clases de Yoga y Danza por día, así como el tiempo que le dedicaba a nuestro emprendimiento que crecía cada vez más y más.

 

Trabajé dos años full time en una Fundación mundialmente conocida por su trabajo y aporte en el desarrollo humano a través de distintos programas. Fuí directora de una de sus sedes de Yoga en donde dí y organicé clases, talleres y cursos en los que se incluían meditación, filosofía, asana, mantra y pranayama. Agradecidísima por la confianza puesta en mí, por el despertar y transformación que tuve a través de los numerosos retiros y cursos que tomé; y por haber sentido tan profundamente el poder y sostén del sangha. 

Mas ya al final del segundo año sentía que necesitaba tomar mi propio camino. Sentía muy fuerte el llamado de integrar más movimiento intuitivo a la práctica de asanas, ya que hacía un tiempo que mi trabajo estaba siendo empapado por un abordaje somático que iba internalizando en las clases de Danza de algunas maestras con quiénes estudiaba regularmente (como Feldenkrais, BMC, Eutonía, Movimiento auténtico, entre otras). Y así fué que poco a poco se fué desenvolviendo lo que años más tarde se llamaría Yoga Dance Flow.

Recibiendo este llamado de abrir mi propio espacio, fué finalmente en el año 2012 que fundé 'Surya Espacio'. Al principio fué la casa en donde vivía en ese momento, mas luego al ir creciendo, nos mudamos a un espacio un poco más grande. Fué una etapa de mucho crecimiento y de numerosos desafíos. Tuve la dicha de compartir y trabajar con un equipo de personas que me enseño mucho acerca de mí misma como guía y que sin ellas/os hubiese sido imposible la evolución de Surya. Les agradezco infinitamente!

En los últimos diez años de camino me certifiqué internacionalmente en Vinyasa Yoga, Yin Yoga y Acroyoga. Estudié Masaje Tailandés y Sanación pránica avanzada y con cristales. 

Tomó clases con varios maestros como Lucrecia Badía, Ana Garat, Marta Steinbahl, Sofía Mazza, Romina Mancini, Soledad Galoto, Rosaura García, Emanuel Ludueña, entre otros. Y más formalmente estudió tres años en la Escuela de Danza Contemporánea Arte XXI y dos años en la Escuela Nacional de Danzas Aída Mastrazzi. 

Estoy certificada internacionalmente por la Yoga Alliance Professionals como Senior Yoga Teacher. Formada y certificada en Vinyasa, Hatha, Ashtanga, Yin Yoga y Acroyoga. Sus estudios incluyen también Masaje Tailandés en la Escuela Nuad Thai y Sanación Pránica avanzada y con cristales en el Pranic Healing Institute. Estudió Vinyasa Yoga con los reconocidos y adorados Richard Freeman, Mary Taylor y Ty Landrum de EEUU. Algunos de sus profesores a los cuales les está muy agradecida por los aportes y revelaciones que le dieron a su práctica son Edson Ramos (Brasil), Ann Moxey (México) y Julia Napier (EEUU). En Ashtanga estudió con Alejandro Chiarella, Gonzalo Rico Peña y Juan Pablo Capdevila. En Acroyoga se formó con Jason Nemer, Juan Pablo Restrepo, Alejandra Ruiz, David Lurrey y Justin Caruso. Estudió también durante sus viajes con maestros en Brasil, Bali y Australia, entre ellas, la adorada Shiva Rea, completando la inmersión en Elemental Prana Vinyasa

Su trabajo en el último tiempo se vió y se ve completamente atravesado por la investigación de su maestra Roxana Galand y el hermoso equipo de profesores que componen Espacio Azur, a quienes está profundamente agradecida. Entre ellos y ellas se encuentran Soledad Gutiérrez, Gabriel Greca, Mariana de los Ríos, Mariana Montepagano, Valeria Martinez, Yanina Rodolico, Mercedes Claudeville, Ignacio Lizziero, Alejo wilkinson, Laura Burak.