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Hola querido útero, te escucho...

Updated: Aug 25

Apenas llegué a Australia, mi primer ciclo fué súper doloroso... me acuerdo que me retorcía en el baño y me arrastraba por la casa, porque estar cerca del piso era lo único que me calmaba un poco. Muy intenso… toda transpirada, al mismo tiempo que con chuchos de frío, vómitos, diarrea, todo junto… Y así por once lunas más. Habían meses que era un poquito menor, pero de todas formas muy fuerte. Y cada Luna me decía a mí misma: “Bueno, si la próxima es igual, andá a consultar”. Lo posponía, porque dentro mío yo sabía que gran parte de este transitar doloroso a nivel físico, hablaba de un dolor en mi Ser más profundo. Y que sólo necesitaba tiempo para sanar e integrar. Pero cuando ya fueron seis meses así, decidí ir a la ginecóloga. Más que nada porque ese dolor no era normal en mí, ya que mis ciclos en mis años pasados habían sido casi sin molestia. La doctora me dijo que por mis síntomas, seguro que tenía endometriosis y que una de las soluciones era tomar pastillas anticonceptivas ó quedar embarazada. La verdad es que a mis 21 años tomé pastillas por un mes y me sentí tan mal, que las dejé. Asique esa no era una opción. Y quedar embarazada, menos que menos! Salí del consultorio angustiada y más perdida que antes. Pero también salí con la certeza de que quería darme un poco más de tiempo antes de tomar alguna decisión de “índole más médica” o de recibir ese diagnóstico como verdadero. Porque en el fondo no me había hecho un estudio profundo para saber si tenía efectivamente o no endometriosis. Lo que yo sí sabía a través de radiografías y desde hacía varios años, era que tenía uno quistecitos que iban y venían todo el tiempo. En los momentos de mayor estrés y exigencia para conmigo misma, los quistes aparecían, y en los momentos en los que estaba más enraízada y en conexión con toda yo, se disolvían.



Y en este caso en particular, yo sabía, sentía que mi útero estaba procesando la mudanza y sanando muy profundamente mi linaje, mis raíces, mi sentido de hogar y mi relación con el disfrute, la confianza, el deseo y la fluidez, entre otras cosas. Entonces me dí tiempo… Y junto con mi terapia y otras valiosas herramientas me dí espacio para reflexionar, para escuchar, para sentir y dejar que todo el enojo, frustración, tristeza, incertidumbre, encontrarán su cauce. Para así reconectar con mi creatividad, con el amor y aceptación a mí misma una vez más.

Y poco a poco todo ese dolor uterino, fué mermando. Hace ya cuatro Lunas que no siento dolor ni hinchazón. Una pequeñita molestia tal vez, que me invita a sentarme y quedarme más quieta. Pero ya no necesito arrastrarme, ni vomitar para purgar aquello que no estoy pudiendo digerir ni expresar de otra forma.

Con ésto no estoy queriendo decir que me curé… porque a mi modo de entender no hay algo así como estar enferma o estar sana. Deberíamos resignificar el concepto de enfermedad y de salud como algo fijo a obtener, como un lugar al que llegar, o como un ideal alejado de la realidad. Porqué somos organismos vivos que están en constante movimiento y transformación.

Y tampoco quiero afirmar que si sentís dolor en tu momento de sangrado, no consultes a la ginecóloga/o. Sino que podés trabajar más íntegramente con todos tus cuerpos. Y que no sos un bicho raro si toda vos se está expresando a través de esta parte del cuerpo y sintiendo dolor o desbalances. Muchas de nosotras sufrimos de desorganizaciones y cuestiones uterinas, porque todas en mayor o menor medida compartimos una herida colectiva del sagrado femenino y que estamos sanando entre todas. Quiero decirte Mujer que acá estoy, que nos escucho, que nos siento…


Lucia

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